El deporte es, sin duda, una de las herramientas más potentes para el desarrollo físico, emocional y social en la infancia. Sin embargo, el cuerpo de un niño no es una versión miniatura del cuerpo de un adulto; está en constante cambio, con placas de crecimiento abiertas y un sistema neuromuscular en pleno desarrollo. Por ello, la transición de «niño que juega» a «pequeño deportista» exige una supervisión médica especializada y rigurosa. No basta con tratar las lesiones cuando ocurren; el objetivo debe ser la prevención y el seguimiento preventivo.
Para que la práctica deportiva sea una fuente de salud y no de riesgos, es imperativo establecer un protocolo de cuidados que incluya exámenes físicos exhaustivos y un control pediátrico secuencial.
1. El examen físico pre-participación (EFP)
El primer paso para cualquier niño que desee iniciar una disciplina deportiva estructurada es el examen físico pre-participación. Vale destacar que el objetivo principal del examen físico no es aprobar o reprobar al niño, sino identificar condiciones que puedan predisponerlo a lesiones o, en casos críticos, a eventos cardiovasculares.
Un buen examen físico debe ser sistemático y abordar los siguientes aspectos:
Historia clínica detallada
El 75% de los problemas de salud se pueden detectar a través de una buena entrevista. Es crucial que el especialista pregunte por los antecedentes familiares del atleta, haciendo énfasis en cardiopatías, desmayos durante el ejercicio, asma inducida por esfuerzo y cirugías previas.
Evaluación cardiovascular. El corazón del atleta
La evaluación cardiovascular es el pilar del EFP. Aunque los eventos súbitos son raros en la infancia, se debe realizar una auscultación cuidadosa para detectar soplos, evaluar los pulsos periféricos y medir la presión arterial. La detección precoz de miocardiopatías es el objetivo principal vital. Un pediatra deportivo debe indagar la existencia de alguno de estos síntomas:
- Dolor torácico durante el ejercicio.
- Síncope (desmayos) o mareos inexplicables.
- Fatiga desproporcionada en comparación con sus pares.
Sistema musculoesquelético y las placas de crecimiento
Un deportista en crecimiento es propenso a desequilibrios y lesiones en los cartílagos de crecimiento. Este examen debe incluir:
- Flexibilidad y rangos de movimiento. La rapidez del crecimiento óseo a veces supera la capacidad de elongación de tendones y músculos, generando tensiones.
- Alineación postural. Se debe revisar la simetría de las extremidades, la flexibilidad, la estabilidad de las articulaciones y la columna vertebral para detectar posible escoliosis, así como la presencia de pies planos que puedan derivar en dolor crónico tras impactos repetitivos.
Madurez biológica
Otro aspecto que debe ser evaluado es el estadio de Tanner o madurez sexual, ya que la fuerza y la resistencia varían enormemente según la edad biológica, no solo la cronológica.
2. La importancia del control pediátrico secuencial
La recomendación clínica para un niño con una carga deportiva regular es asistir a consulta al menos dos veces al año. Esta frecuencia no responde a una simple formalidad, sino a la naturaleza dinámica de la infancia, que requiere de algunos cuidados especiales:
El estirón y el riesgo de lesiones
Durante los brotes de crecimiento, los huesos se alargan más rápido de lo que los músculos y tendones pueden adaptarse. Esto genera una pérdida temporal de flexibilidad y coordinación, aumentando el riesgo de enfermedades como la de Osgood-Schlatter (dolor en la rodilla) o Sever (dolor en el talón). Un control semestral permite al pediatra detectar estos periodos y ajustar la carga de entrenamiento.
Monitoreo nutricional y energético
Las necesidades calóricas y de hidratación cambian rápidamente en los pequeños atletas. Un niño deportista necesita un balance específico de macronutrientes para sostener tanto su crecimiento natural como el gasto energético del entrenamiento, y al mismo tiempo verificar que el atleta infantil mantenga una curva de peso y talla adecuada.
Salud mental y prevención del burnout
En muchos casos, el exceso de presión competitiva puede llevar al agotamiento psicológico. Las visitas periódicas permiten al médico evaluar el bienestar emocional del niño, asegurándose de que el deporte siga siendo una fuente de placer y no de estrés crónico. Asimismo, el especialista podrá evaluar la calidad del sueño y el rendimiento escolar.
3. Nutrición e hidratación. El combustible del desarrollo
El alimento es el principal combustible del organismo, sin embargo, un error común es replicar dietas de atletas adultos en niños. Es importante reconocer que el pequeño deportista tiene una mayor superficie corporal en relación con su masa, lo que lo hace más susceptible a la deshidratación y a los golpes de calor, por lo tanto, requiere nutrición e hidratación adecuadas.
- Hierro y calcio. Son minerales críticos. El calcio es esencial para la mineralización ósea en una etapa donde se construye esqueleto para la vida adulta. Y el hierro es vital para el transporte de oxígeno; su deficiencia puede desarrollar anemia ferropénica, una condición que es causa común de baja de rendimiento.
- Hidratación. Los niños tienen una capacidad de sudoración menor que los adultos y una mayor superficie corporal en relación con su masa, lo que los hace más susceptibles a los golpes de calor y la deshidratación. Es por ello que se debe educar al niño para beber agua antes, durante y después de la actividad, sin esperar a sentir sed, ya que la sed es un signo tardío de deshidratación.
4. Prevención de lesiones por sobrecarga
Cada vez es más frecuente ver a padres que guían a sus hijos a practicar un solo deporte, y esta tendencia se conoce como especialización temprana, y se caracteriza por niños que solo practican un deporte todo el año. Esto ha disparado las lesiones por uso excesivo. El pediatra deportivo debe educar a los padres sobre la regla de la variedad.
- Descanso estacional. Al menos 2 a 3 meses al año de descanso de un deporte específico.
- Descanso semanal. Al menos 1 o 2 días sin entrenamiento estructurado.
- Multideporte. Fomentar la práctica de diferentes disciplinas hasta la adolescencia tardía para desarrollar una base motriz diversa y evitar el desgaste de grupos musculares específicos.
5. El triángulo de apoyo. Padres, entrenadores y médicos
El cuidado del pequeño deportista es una responsabilidad compartida. El pediatra debe liderar esta comunicación, asegurándose de que el entrenador comprenda las limitaciones físicas del niño y que los padres no ejerzan una presión excesiva que comprometa el bienestar emocional del menor. Y todos deben estar atentos a algunas de estas señales de alarma.
- Cansancio excesivo o cambios en el patrón de sueño.
- Dolores persistentes que no ceden con el descanso.
- Irritabilidad o pérdida de interés en el deporte.
«El éxito en el deporte infantil no se mide en trofeos, sino en la permanencia del niño en la actividad física de forma saludable hasta la edad adulta.»
El éxito de un deportista joven no se mide en medallas, sino en su capacidad de mantenerse activo y saludable a lo largo de su vida. El examen físico exhaustivo y el seguimiento semestral permiten que el crecimiento biológico soporte las demandas del desarrollo deportivo sin comprometer su salud. . La medicina deportiva pediátrica no busca crear campeones a toda costa, sino proteger el potencial humano en su etapa más vulnerable y prometedora.
Fuentes:
- Brenner, J. S. Overuse injuries, overtraining, and burnout in child and adolescent athletes. Journal of the American Academy of Pediatrics. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17545398/
- Purcell, L. K., & Canadian Paediatric Society. Sport nutrition for young athletes. Paediatrics & Child Health. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24421690/
- UNICEF.Hábitos saludables, salud y nutrición. Disponible en:https://www.unicef.org/bolivia/media/5101/file/UNICEF%20GAMLPZ%205%20-%20habitos%20saludables%20salud%20nutricion.pdf

